La condena a Thola es un respiro colectivo

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Por Luciana Guenomil

El 4 de Junio de 2017 fue la última vez que vieron a Silvia Vazquez Colque. Después de una fuerte discusión con Marcos Thola, pareja de Silvia y padre de sus hijos, partieron ambos pero sólo él volvió. Beatriz, madre de Silvia, la estaba esperando en su casa, pero él le compró un pasaje para que ella subiera al colectivo rumbo a Potosí, Bolivia, sin despedirse de su hija.
Antes de eso Silvia había recibido una puñalada por parte de Thola y realizó la denuncia, pero organismos como el Ministerio de Desarrollo Social y el Consejo Provincial de la Mujer la dejaron a la deriva a ella y su familia.

¿Qué pasó con Silvia?

“Silvia, ¿dónde estás?” comenzaron a preguntarse los colectivos de mujeres de Viedma y Patagones; vecinas, trabajadoras, estudiantes, todas preocupadas por la desaparición de una mujer en nuestra ciudad.
Beatriz mientras tanto pedía ayuda al Estado Argentino y el Estado Plurinacional de Bolivia, pero ninguno la escuchó. El pedido por la desaparición de Silvia y para que el caso se activara comenzó a arder en la ciudad, algo había que hacer.
El 3 de Junio de 2018 con una nueva organización de la movilización por el pedido de Ni Una Menos, Beatriz y la hermana de Silvia llegaron a Viedma con ayuda de las organizaciones feministas y vecinas/os independientes. En una convocatoria concurrida se pudo escuchar el desgarro de Beatriz y la impotencia de todas a un año de su desaparición. Se recorrieron las instituciones fundamentales de la ciudad, y hermanadas en una columna detrás de la madre de Silvia las calles de Viedma se hicieron eco de lo que se quería silenciar: una vecina víctima de violencia de género había desaparecido hacía un año y todo indicaba que su pareja era el responsable.

Las mujeres no desaparecemos, nos desaparecen.

El relato de Thola sobre Silvia era que ella se había ido, dejándolo a él con sus hijos sin previo aviso. Es que la moral que recae sobre la maternidad era un pilar sobre el que apoyar su discurso; Silvia era una mala madre y mala esposa, por eso se había ido. El relato de Beatriz resultó importante para desmentirlo y acercarse a la verdad. ¿Qué había pasado esa noche de Junio cuando Silvia y Marcos se fueron?, ¿por qué sólo regresó él y ella nunca volvió?.
En el Encuentro Nacional de Mujeres en Trelew en 2018, las mujeres y disidencias que partieron desde la Comarca llevaron el pedido por la búsqueda y aparición no sólo de Silvia sino también de Zulema Walter y Daiana Ginaro, a quien de regreso en Viedma habrían encontrado sobre el río que atraviesa la ciudad. El dolor por nuestras desaparecidas y nuestras muertas no puede explicarse, pero es eso mismo lo que, a pesar de las diferencias, nos une en un mismo pedido con el puño bien alto: el patriarcado se tiene que caer.
El 1 de Octubre de 2019, más de dos años después de la desaparición de Silvia, comenzó el juicio público con el tribunal presidido por Marcelo Álvarez e integrado por Adrián Dvorzak y Juan Brussino Kein, el Ministerio Público Fiscal fue representando por Paula Rodríguez Fradsen junto Paula De Luque y como querellante participó Favio Igoldi y la defensa oficial está a cargo de Graciela Carriqueo, con la asistencia de Juan José Álvarez Costa. Con el pedido de “no gritar ni hacer caras” en la sala, entró Marcos Thola al recinto y la sala llena de mujeres con carteles con la cara de Silvia y Beatriz en la mano comenzó la exposición.
Hoy, viernes 11 de Octubre del corriente año, el tribunal condenó por unanimidad a Marcos Thola por femicidio agravado por el vínculo y el ejercicio de la violencia de género, en una condena ejemplar en nuestro país.

El patriarcado se cuela en la sociedad afectando a todas las mujeres, pero bien sabemos que si sos mujer y pobre, mujer inmigrante, te violenta doblemente. Los organismos del Estado demostraron no estar a la altura cuando una vecina los necesitó, fueron negligentes en su labor y no pudieron evitar lo peor.
Las organizaciones feministas lograron ser sostén para una familia que, estando a larga distancia y no pudiendo solventar económicamente los gastos, no podía luchar sola contra el aparato judicial machista y patriarcal.
El movimiento feminista está dispuesto a construir un mundo mejor, más igualitario y justo, libre de violencias. El patriarcado recrudece su opresión ante la avanzada en la región de este movimiento sin fronteras, pero continúan las mujeres y disidencias poniendo el cuerpo en cada lucha, en cada calle, en cada institución. No sólo son los hombres violentos, son las instituciones que ningunean, maltratan y vuelven a victimizar a quienes han sufrido violencia patriarcal.
Hoy podemos decir que se dio un paso enorme en el caso de Silvia. El dolor y el vacío que quedó en su familia no va a llenarse, pero bien sabemos que no están solos.
La condena a Thola es un respiro colectivo, algo está cambiando y las protagonistas de esta lucha diaria hoy pueden saber que, finalmente, fueron escuchadas.