Casimiro Bigua, ladino y argentino

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Un monumento en el valle de Genoa (Chubut), una calle en Carmen de Patagones, una estampilla del 2006, un famoso restaurante en Calafate, cerca del glaciar Perito Moreno son algunos de los pocos hitos con que se recuerda hoy al cacique Casimiro Bigua. Los textos de historia lo destacan como el primer cacique argentino que hizo flamear la bandera de Belgrano en toda la Patagonia occidental, pero el jefe tehuelche fue algo más que un mero engranaje en la política de fronteras de Argentina y Chile.
Dueño de una inteligencia superior, de un conocimiento acabado de la geografía patagónica, además de un talento único para adivinar los humores de los gobiernos centrales de Buenos Aires y Santiago y del carisma necesario para ser cacique entre los suyos, Casimiro supo maniobrar entre los múltiples actores que interactuaban ocasionalmente en ese extenso y cambiante «desierto» que era su patria.
La Patagonia no era ni Argentina ni chilena en aquellos tiempos. Carmen de Patagones al norte del lado del atlántico y Punta Arenas, bien al sur sobre el ocèano Pacìfico eran los dos únicos centros poblados en todo el territorio en 1850 y, a pesar de que los marinos recorrían habitualmente las costas occidentales y que algunos jesuitas y exploradores se habían animado a conocerla tierra adentro, la Patagonia entera era un territorio exclusivo de los pueblos originarios.
Tras la salida de Rosas y la redacción de la constitución se fue consolidando definitivamente el estado argentino como proyecto nacional, mientras tanto allende la cordillera, el gobierno chileno buscaba tierras para dar forma a su territorio. En esta coyuntura comenzaron, los gobiernos de Buenos Aires y Santiago, una versión criolla de la guerra fría para adueñarse del inconmensurable estepa y sus riquezas ocultas en valles y cordilleras. Claro que el desierto no estaba tan desierto. Decenas de etnias de pueblos originarios lo cruzaban periódicamente de norte a sur y de este a oeste siguiendo animales para la caza. Nómades y empujados cada vez más al sur, tehuelches y mapuches convivían, se peleaban y se mezclaban soportando cada vez peor la amenaza del progreso blanco sobre su territorio.
Indio de apellido francès
Casimiro había nacido en 1819 en cercanías de Carmen de Patagones y alcanzó la jefatura de su tribu en el año 40, tras la muerte de la María La Grande, una gran jefa tehuelche que dominó más de tres décadas la Patagonia occidental. Antes, a los nueve años, Casimiro había sido “entregado” por su madre al francés Francisco Fourmantin, un corsario y tratante de esclavos quien llegaría a ser comandante del «Fuerte del Carmen». y era apodado Bibois -pronunciado en francés como bibuá y de allí, por deformación linguística, se estableció Bigua, como el apellido del cacique-
Era hijo de una mujer tehuelche de nombre Junijun, Joujuna o Jounja y de un capitanejo asesinado en 1822. El militar y científico ingles Muster, que conoció al cacique cuando tenía casi sesenta años, asegura que la madre lo cambió por un tonel de aguardiente. Lo cierto es que los malísimos tratos que el “padrino” blanco le propinaba al niño hacen que Casimiro huya de la “Estancia del Estado”, ubicada a la orilla del río Negro a los 13 años y se refugie con los Aonikenk (Tehuelches del sur) que vivían principalmente entre el río Santa Cruz y el estrecho de Magallanes.
Desde entonces y hasta 1845 es difícil rastrear sus movimientos. Se cree que sus conocimientos de castellano, más algunos rudimentos en francés e inglés lo ayudan a erigirse como una figura destacada en el estrecho de Magallanes, por entonces, único paso conocido entre atlántico y pacífico.
Primero chileno
Lo cierto es que en una de sus muchas correrías llegó a al recientemente inaugurado Fuerte Bulnes (Chile) asociado con el cacique Santos Centurión, un blanco nacido en Montevideo, Uruguay, que había adaptado su forma de vida a la de los nativos, casándose con una mujer tehuelche, y alcanzando rápidamente la categoría de cacique y en aquellos páramos australes comienzan a entenderse y comerciar con los chilenos.
En 1844, Casimiro Biguá, Santos Centurión y otros tehuelches, visitaron al gobernador chileno de Punta Arenas, generando un “Tratado de amistad y comercio” firmado por Biguá con una cruz, porque no sabía escribir. Luego ambos caciques viajaron a Santiago para una entrevista con el presidente chileno Manuel Bulnes, y como Centurión falleció en el camino, Casimiro quedó como el representante máximo de la diplomacia tehuelche y “fue bien recibido por el presidente Bulnes, con quien firmó un pacto de fidelidad, recibiendo en compensación del mandatario trasandino el grado y paga de capitán del ejército chileno y las correspondientes raciones para sus indios”.
La relación con los trasandinos se enfrió rápidamente ya que, aparentemente, el cacique tubo activa participación en el motín de 1851 que asoló Punta Arenas donde también lo acusan, un año después, del asesinato del nuevo gobernador de Magallanes, el alemán nacionalizado chileno Bernardo Philippi. No hay pruebas fehacientes de ninguna de las dos acciones, salvo la declaración de un lenguaraz que aseguró que habían liquidado al gobernador en octubre del 52 pero luego indicó como lugar de entierro de los restos una locación que se comprobó que no era.
Tal vez había otras pruebas que no quedaron asentadas en la historia, porque Casimiro fue degradado y tardó una década en volver a negociar directamente con Punta Arenas.
Piedrabuena
En el 59 se asienta en la Isla de Pavòn el comandante Luis Piedrabuena, que desde hacía años recorría las costas patagónicas. El héroe maragato entabla o reanuda la amistad con Casimiro, que sería fundamental para reafirmar la soberanía argentina en toda la Patagonia.
Distanciado de los chilenos, hacia la sexta década del 1800 la comunicación entre el cacique y el marino es fluida. Piedrabuena sueña con una colonia argentina-tehuelche en la Bahía de San Gregorio, sobre el estrecho de Magallanes, que en aquella época era el único paso fluvial entre Atlántico y Pacífico.
En 1863 Piedrabuena arribó a la bahía de San Gregorio, donde se asentaban los tehuelches en el verano. Invitò a Biguá y a su hijo mayo Sam Slick -quien debe su nombre inglés a unos misioneros anglicanos que pasaron por la Patagonia esos años- a viajar a Buenos Aires en su nave «Espora» para conocer al presidente Bartolomé Mitre. Este en 1864 los recibiría con agrado en la capital argentina y, le asignaría el rango de capitán y lo nombraría cacique principal de San Gregorio, además de proveerle víveres, armas y enseres.
El 5 de julio de 1865 Biguá reconoció la soberanía argentina hasta el estrecho de Magallanes, incluso sobre la Punta Arenas chilena y la bahía San Gregorio, todavìa argentina. A cambio, se le prometieron raciones y pólvora dos veces al año.
En junio de 1866, Biguá volvió a Buenos Aires con Piedrabuena para ofrecer la fundación de la mentada colonia en el estrecho de Magallanes, y por lo cual Mitre lo ascendería a teniente coronel del Ejército Argentino, designándole al capitán de guardias nacionales, Doroteo Mendoza como su secretario. En noviembre viajaron a Carmen de Patagones y luego pasaron a la isla Pavón, en donde reuniría más de cuatrocientos jinetes tehuelches bien preparados y pertrechados.
Pero la guerra del Paraguay se inmiscuyó en los planes de Piedrabuena y Mitre, quienes no pudieron cumplir la promesa de enviar el buque y los elementos necesarios para la fundación de la nueva colonia en el estrecho, por lo cual, a finales del mismo año el proyecto del marino se postergaría en tanto el asesor y secretario de Biguá, Doroteo Mendoza, murió a manos de un aborigen por un asunto presumiblemente de faldas.
Luego fue elegido Sarmiento como presidente y los planes argentinos para la Patagonia fueron casi olvidados.
No obstante, la prédica pro-argentina de Casimiro continuó pese a los desplantes del gobierno central. Siempre ayudado por Piedrabuena e instaladas sus tolderías cerca de la Isla Pavón en el río Santa Cruz, los tehuelches soportaban la presión chilena que iba en ascenso ante un debilitado gobierno porteño.
Muster y la argentinidad
Durante 1869 y 1870 el oficial de la marina británica George Ch. Musters recorrió casi tres mil kilómetros desde el estrecho de Magallanes hasta Patagones, en la desembocadura del río Negro, integrando una caravana que encabezaba el cacique Casimiro.
¿Fue Musters un espía inglés? Varias opiniones y algunos análistas de su largo viaje «consideran que era un verdadero deportista y explorador en el sentido más amplio de la palabra»; «sólo podemos aventurar una hipótesis acerca de la existencia de una misión especial del Almirantazgo británico para el reconocimiento del interior de la Patagonia y, lo que parecería más verosímil, de tanteo del espíritu de los indígenas con respecto a la Corona insular»
Lo cierto es que gracias a la presencia del inglés en aquella travesía, algunas de las costumbres de los pueblos originarias y la interacción entre los caciques que poblaban la Patagonia fue puesta en papel y hoy es recordada. La actuación más importante en la caravana es la jura de la bandera argentina el 3 de noviembre de 1869, en la toldería del valle Genoa, ubicada en proximidades de la localidad chubutense de José de San Martín. Allí Casimiro Biguá junto con otros jefes de clanes luego de conferenciar varios días, izaron la bandera de la Argentina y le juraron fidelidad al gobierno de Buenos Aires.
Los indios tehuelches realizaban esta expedición habitualmente para vender sus productos (plumas de ñandú y pieles de guanaco) en Carmen de Patagones, y así obtener a cambio yeguas, vacas, ponchos, yerba mate y tabaco concedidos por el gobierno de Buenos Aires.
Mapuche vs tehuelche?
Para realzar más la dicotomía -mapuche o tehuelche- en la mayoría de las biografías del cacique se menciona como al pasar que el padre de Casimiro era un cacique menor asesinado por la banda realista de araucanos chilenos de los hermanos Pincheira, resaltando con malicia que al papá del cacique más argentino de todos, lo mataron unos indios que, además de araucanos, eran realistas y encima chilenos.
Las inconsistencias históricas pasan principalmente porque si bien es posible que los Pincheira asesinarán a un caciquejo en aquellos tiempos y en estas alejadas zonas -está comprobado que anduvieron por esta zona-, es poco probable que se sepa tan bien quienes fueron los asesinos, pero no se recuerde siquiera el nombre del asesinado.
La venta del estrecho
Casimiro es reconocido como “uno de los más activos, astutos y polifacéticos caciques que se hayan conocido. Fue acopiador de pieles de guanaco y plumas de avestruz, traficante de aguardiente, encubridor de desertores, saqueador de buques náufragos y evangelizador de sus indios”
En 1845 llegò a un acuerdo con un práctico irlandés a quien le vendió el Estrecho de Magallanes, paso obligado en aquellos años de las naves que pasaban de Atlántico a Pacífico y viceversa. El práctico era un avezado conocedor de la geografía del lugar y ayudaba a las embarcaciones a cruzar el escarpado estrecho.
El nuevo propietario cobraba una libra por cada tonelada de guano que se depositaba en sus bodegas construidas a orillas del estrecho. Tenía varias personas a su cargo y el depósito del guano en dichas bodegas les agilizaba mucho el trabajo a los barcos.
Enterado de las maniobras en el extremo sur, Juan Manuel de Rosas culpó a Inglaterra por la extravagante operación. Le negó la autoridad a Casimiro y sostuvo la nulidad de la venta, aunque Casimiro y sus tehuelches se consideraban desde siempre dueños de esas regiones.
El final
Poco después de terminada la travesía con Musters, donde su condición de jefe le permitió armonizar con las otras tribus patagónicas, la estrella de Casimiro comenzó a declinar. Cuando en el año 1883, en pleno desarrollo de la conquista del Desierto, fue cap­turada en Puerto Deseado la tribu del cacique Orkeke, Casimiro cuyo nombre aborigen era Thamp, no figuró entre los cautivos.
Se supone que murió una década antes. Pese a que revistaba en el escalafón castrense argentino como Teniente Coronel, sus últimos años fueron muy duros. El gobierno argentino tardaba mucho en cumplir sus promesas y se cree que perdió su ascendencia sobre los suyos.
Viejo, pobre y enfermo, había buscado refugio en los toldos del cacique Papón, que segùn los chilenos era hijo suyo, aunque no esta lo suficientemente claro. La última noticia que se tuvo de él, data de la primave­ra del año 1873 en fue visitó fugazmente la isla Pavón en compañía de un grupo de indios llegados del estrecho. Al decir de la gente de la factoría, se hallaba en un estado físico sumamente crítico, muy pobre y casi ciego. En esta ocasión se mostró muy avergonzado por haber busca­do nuevamente el amparo chileno, y pese a su condición de indigente rechazó la ayuda que le ofrecieron.
Todo hace suponer que murió ese año en los toldos del indio Xebel, nieto o sobrino suyo, que fue quien informó de su fallecimiento y de que ha­bía sido sepultado en un todo de acuerdo con las tradiciones y el ritual tehuelche.
La vida del Caique Bigua fue un compendio de aventuras, litigios y correrías en una época romántica en que la Patagonia era surcada por barcos de todas las potencias europeas que buscaban el pacífico y, mientras los chilenos y argentinos se peleaban por tierras que no ocupaban, los tehuelches y los araucanos languidecían por el avance blanco.
Y en ese mundo en que todos hablaban idiomas distintos, Casimiro los entendìa a todos.