El robo de ganado en Río Negro: cuando el campo pierde y la justicia tarda

0
248

Un joven viedmense perdió la vida ahogado en el río Negro tratando de escapar de la policía que lo buscaba en un campo entre Conesa y Guardia Mitre. El malogrado delincuente había recorrido más de cien kilómetos con un complice en una motito de baja cilindrada y cruzado unos alambrados cuando el dueño del campo alertó a las fuerzas de seguridad sobre la presencia de intrusos en su propiedad. El accionar policial, que detuvo al otro secuaz, empujó al muchacho a huir por el río sin medir las consecuencias y terminó en tragedia.

Nada es más importante que la vida y hoy hay una familia que llora la partida de un jovencito, pero este caso pone en evidencia además una realidad más amplia: el robo de ganado, o abigeato, es un problema persistente en la provincia que golpea tanto a pequeños como a medianos productores y tiene múltiples aristas.

Un delito persistente y poco denunciado

El roboy faena clandestina de animales es una constante en el delito que se repite en distintos puntos de la provincia, especialmente en el Valle Medio, el Valle Inferior y la zona atlántica, donde los campos se miden en leguas y las distancias son enormes. Según datos del Ministerio Público Fiscal y de la Brigada Rural, las denuncias se mantienen estables, aunque los productores aseguran que el número real de hechos es mucho mayor.

“Muchos ya ni denuncian, porque no sirve de nada. Te matan un animal, lo carnean y después nadie va preso”, lamentó un ganadero de Chimpay. Las pérdidas económicas no son menores: un novillo faenado ilegalmente puede representar más de un millón de pesos en el mercado actual, según cálculos de la Federación de Sociedades Rurales de Río Negro.

Inflación, crisis y bandas organizadas

Entre las causas del aumento del abigeato se mencionan el alza del precio de la carne, la falta de control en los caminos rurales y la crisis económica que empuja al delito. “La faena clandestina y la venta informal de carne crecieron en toda la región. Hay grupos que se dedican exclusivamente a eso”, advirtió un funcionario policial de la Brigada Rural.

A diferencia de otros delitos rurales, el abigeato requiere planificación y logística: vehículos adaptados, herramientas para el desposte rápido y conocimiento del terreno y del oficio. En muchos casos, los animales son faenados en el lugar y la carne se comercializa en circuitos paralelos o incluso en carnicerías sin habilitación.

El impacto en el campo

Más allá del daño económico, el robo de ganado deja huellas sociales y emocionales. “Esto no es solo perder plata. Es trabajar todo un año y que en una noche te arranquen todo”, expresó un productor de la zona de General Conesa.
Además, el temor al delito ha llevado a muchos trabajadores rurales a modificar sus rutinas y reforzar medidas de seguridad, en una provincia donde las distancias entre campos y la escasa presencia policial dificultan los controles.

Una respuesta que aún no alcanza

Desde la Policía de Río Negro aseguran que se han reforzado los patrullajes y los operativos en rutas rurales. Sin embargo, admiten que “sin denuncia y sin colaboración del sector privado, el accionar del Estado se vuelve limitado”.
En tanto, la Justicia provincial logró algunas condenas pero muchas causas se cierran sin autor identificado. Entre 2018 y 2025 se dictaron unas 90 sentencias por abigeato en la provincia, aunque muchas denuncias todavía no encuentran culpables.

Un delito viejo con nuevos desafíos

El abigeato no es un fenómeno nuevo en Río Negro, pero sí uno que se modernizó. Hoy combina viejas prácticas rurales con logística, transporte rápido y comercialización digital. Para los productores, el reclamo es claro: “Necesitamos que el Estado actúe, que haya control y justicia. Si no, el campo se va vaciando de a poco”, resumió un referente rural del Valle Medio.