Milei, Menem y la dictadura, tres modelos económicos hermanos

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Por momentos, la historia económica argentina parece inmersa en un bucle degradante. Cambian los nombres, se aggiornan los discursos, pero ciertos postulados reaparecen con una persistencia inquietante instalado siempre desde los mismos lugares. Las ideas económicas que hoy impulsa Javier Milei encuentran antecedentes claros en el programa económico de la última dictadura militar iniciada en 1976 y en la década neoliberal de los años noventa liderada por Carlos Menem.

El laboratorio original: Martínez de Hoz y la dictadura

El 24 de marzo de 1976 no solo comenzó el régimen de terror encabezado por Jorge Rafael Videla, sino también un profundo cambio en el modelo económico que, bajo la conducción de José Alfredo Martínez de Hoz comenzó a aplicar un programa que tenía pilares muy definidos:

  • Apertura irrestricta de importaciones, desregulación financiera, endeudamiento externo acelerado, reducción del rol del Estado y un ataque sistemático al salario real.

El resultado fue una transformación estructural: la industria nacional perdió peso, creció la especulación financiera y la deuda externa pasó de 7.000 a más de 45.000 millones de dólares. La famosa “plata dulce” no era más que el síntoma de un modelo que privilegiaba la valorización financiera por sobre la producción. La caída del régimen fue por Malvinas, pero Malvinas -causa justa y noble- fue un «manotazo de ahogado» que dio la dictadura apurada por el agotamiento de su programa económico.

Los ‘90: Menem, Cavallo y la ilusión de estabilidad

Unos años después, con democracia pero bajo una gran presión hiperinflacionaria heredada del gobierno alfonsinista, Carlos Menem retomó buena parte del ideario de los militares liberales, esta vez con legitimidad electoral. Su ministro estrella, Domingo Cavallo, implementó la convertibilidad: un peso, un dólar en un plan que incluyó: privatizaciones masivas, apertura económica, tipo de cambio fijo y endeudamiento para sostener el esquema.

Durante algunos años, la estabilidad de precios generó apoyo social. Pero el costo fue alto: desindustrialización, desempleo estructural y una dependencia creciente del financiamiento externo. El corralito y el posterior colapso de 2001 fue, en gran medida, la consecuencia de ese modelo que privilegió siempre la patria financiera por sobre la patria real.

Milei: la radicalización del mismo paradigma

El programa actual de Javier Milei retoma varios de estos ejes, pero los lleva a un extremo ideológico más explícito. A diferencia de la dictadura —que ocultaba su programa tras el discurso del “orden”— o del menemismo —que lo justificaba en la estabilidad—, Milei lo reivindica abiertamente y se enorgullece de un ajuste fiscal drástico, de la eliminación o achicamiento extremo del Estado, mientras apunta a la liberalización total de mercados, a la apertura comercial y a la desregulación económica, sin tener en cuenta implicancias sanitarias y sociales

El argumento central es que el Estado es el problema y el mercado la solución, lo que en términos conceptuales, es una versión más pura del enfoque que guió tanto a Martínez de Hoz como a Cavallo.

Las similitudes estructurales

Más allá de las diferencias de contexto político, hay cuatro puntos en común difíciles de ignorar: El ajuste sobre los ingresos ya que en los tres casos, el reordenamiento económico recae fuertemente sobre salarios y jubilaciones; La fe ciega en el mercado todos parten de la premisa de que la liberalización genera eficiencia y crecimiento, aún a costa de tensiones sociales; el debilitamiento del aparato productivo: ya que la apertura sin protección tiende a afectar a la industria local; y El rol del endeudamiento (directo o indirecto) porque aunque con matices diferentes, los tres modelos necesitaron financiamiento externo o flujos de capital para sostenerse.

El alineamiento con Estados Unidos es otro punto en común: El plan Cóndor en la dictadura, las relaciones carnales de Menem y esta especie de perrofalderismo que exhibe Milei para con Trump, son caras de la misma moneda.

Radiografía de un modelo en tres períodos distintos: los números que se repiten

La pérdida del poder adquisitivo aparece como constante, con caídas más abruptas en contextos de shock económico.
El endeudamiento crece como mecanismo de sostenimiento del modelo en sus distintas versiones.
La apertura económica y los bajos salarios impactan de forma directa en el entramado productivo local.
  • Aunque existen diferencias importantes de validación, ya que la dictadura impuso su programa con represión y sin legitimidad democrática, mientras Menem lo aplicó con amplio respaldo político y electoral, y Milei lo ejecuta con un discurso confrontativo, antisistema y de fuerte carga ideológica, captando votos de «tibios» en el congreso con cargos, atn o prebendas, la génesis económica es casi calcada.

Además aunque el contexto global haya cambiado (hoy hay menor disponibilidad de financiamiento externo fácil y una sociedad mucho más fragmentada) siempre apunta a la división de clases para poder implementar políticas recesivas.

¿Repetición o mutación?

La pregunta de fondo no es si Milei copia a Martínez de Hoz o a Menem, sino si Argentina vuelve a ensayar —una vez más— un modelo que históricamente mostró límites severos y elevó la desigualdad y la desocupación.

El riesgo no es solo económico. Cada uno de estos ciclos dejó consecuencias sociales profundas: aumento de la desigualdad, deterioro del tejido productivo y crisis posteriores de las que aún hoy no hemos terminado de reponernos

La historia no se repite de manera idéntica, pero tampoco perdona la falta de memoria. Y en economía argentina, los déjà vu suelen ser algo más que una sensación: son advertencias de lo que está por venir.