La Libertad Avanza pierde pie en Buenos Aires y Río Negro: el efecto Espert y el desgaste del gobierno

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A tres semanas de las elecciones legislativas del 26 de octubre, las encuestas marcan una tendencia preocupante para el oficialismo libertario. En la provincia de Buenos Aires, José Luis Espert retrocede frente a Jorge Taiana, mientras en Río Negro se insinúan señales de agotamiento en el voto mileísta. Entre el desgaste del gobierno y las sombras propias de su figura, Espert se convierte en el termómetro del agotamiento popular de la imagen presidencial.

La provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado y decisivo del país, empieza a darle la espalda a La Libertad Avanza. Una encuesta de CB Consultora realizada a mediados de septiembre muestra que Jorge Taiana (Fuerza Patria) supera a José Luis Espert en intención de voto: 41,7 % contra 35,4 %.

Otro relevamiento coincide en la tendencia y va más allá: asegura que Espert está ocho puntos por debajo del candidato peronista, y que su imagen negativa crece más rápido que la positiva, lo que limita su techo electoral. En el mismo estudio, Axel Kicillof supera a Javier Milei en imagen en territorio bonaerense, un dato simbólico pero revelador del clima social. Estos datos fueron medidos antes del escándalo de las conexiones narco de Espert, ahora confirmadas por el propio protagonista.

Durante buena parte del año, el oficialismo libertario construyó su narrativa sobre el eje de la “batalla cultural” y la promesa de un orden económico sin intermediarios. Pero el discurso empieza a chocar con la realidad: la inflación no cede, los servicios se encarecen y la paciencia del votante urbano se agota. El bonaerense promedio mide a los políticos por resultados, no por slogans.

La economía, el talón de Aquiles

La explicación más simple suele ser la más certera: el humor electoral sigue la economía. En los barrios bonaerenses, los precios suben más rápido que las promesas. El discurso de la “libertad económica” pierde potencia frente al changuito vacío y los aumentos de luz y gas y transporte.

En Río Negro, el panorama es similar: las economías regionales enfrentan costos altos, el turismo atraviesa un pronunciado descenso a causa principalmente del «dólar barato» y la clase media se cansa de ajustar gastos. La sensación de “no llegar” recorre tanto las ciudades como los pueblos.

Espert, Villaverde y la sombra narco

Al preocupante costo económico, el gobierno nacional debe sumarle el desastroso armado de listas de La Libertad Avanza. El escándalo que sacude al país en estas horas por la confirmación de los vínculos narcos del principal candidato en Buenos Aires, José Luis Espert seguramente complicará aún más las chances electorales del partido presidencial, dado que el conomista, que pedía cárcel o bala para los narcos, cobró una jugosa comisión de uno, el viedmense Fred Machado que por estas horas está detenido en Viedma esperando que (no) lo extraditen a EEUU donde una de sus socias ya fue condenada por narcotráfico y estafas.

El escándalo escala porque Espert viajó más de 35 veces en aviones de Machado e incluso una camioneta de alta gama que conducía y fue atacada era propiedad de Claudio “Lechuga” Ciccarelli, primo y aseguran que testaferro de «Fredy».

Para sumar más tensión, Ciccarelli mantiene un estrecho vínculo con Lorena Villaverde -candidata a senadora en Río Negro- y aunque el hombre negó que este ligado amorosamente con la hoy diputada, una de las hijas de esta habría subido un tiktok compartiendo paseos y llamando papá al primo del narco.

Recordemos que la diputada, que tubo problemas por drogas en la justicia norteamericana cuando era joven, hoy se enfrenta a varios embargos por estafas en la venta de terrenos en Las Grutas y se le suma la investigación por un préstamo hipotecario que estaría mal otorgado por más de 200 millones de pesos.

Una ensalada donde se mezclan drogra, dólares, estafas, acomodos y candidatos en una fuerza que venía a eliminar a la casta y además de la pésima elección de candidatos, la caída de La Libertad Avanza en las encuestas no parece un accidente aislado, sino el reflejo de un cambio más profundo: la sociedad empieza a medir al gobierno con la vara de la gestión, no de la épica.