San Martín, su figura y el camino de la independencia nacional en tiempos de pandemia

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Por Horacio Micucci (*)

El proyecto del General José de San MArtín era de independencia nacional

Muchas veces, cuando se habla de San Martín, solo se destaca la hazaña del cruce de los Andes, pero detrás de ello estaba el Plumerillo, el mayor centro de industria pesada y liviana, combinado con desarrollo agrícola, minero, ganadero, vitivinícola, de lo que eran entonces las Provincias Unidas del Río de La Plata.

San Martín no solo armó el ejército, sino que armó su logística, entendió que había que tener un desarrollo integrado de una industria de defensa y de industria nacional. Como anécdota sirve el ejemplo de la vitivinicultura; él defendió a la industria del vino contra los rivadavianos diciéndoles que dejaran de importar vinos de Europa para dejar desarrollar la industria vitivinícola propia. El diputado Malabia le contestó como le hubieran contestado ahora los liberales: que con la competencia se iba a desarrollar la industria nacional.

San Martín era un industrialista nacional. Las damas no solo tejían uniformes y las banderas, sino que cosían las bolsitas para los cartuchos (que se hacían de tela). La sastrería era una industria importante desde el punto de vista militar porque lo cartuchos se hacían con bolsitas de tela. En seis meses, afirma Daniel Castiglione, se produjeron 2.378 kilos de pólvora, lo que permitía realizar 237.000 tiros de fusil o 3.446 tiros de una pieza de cañón del calibre de a 4. Se hicieron 750.000 cartuchos de fusil, según refiere Pablo Camogli en su libro Pueblo y Guerra. Se obtuvo azufre y carbón para la pólvora necesaria”.

Ese proyecto, que era independiente, fue boicoteado. Manuel Belgrano murió en soledad y extrema pobreza, San Martín tuvo que irse al exilio. Güemes fue asesinado. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le ofreció a San Martín, cuando regresó, salir por Santa Fe, porque lo iban a meter preso los rivadavianos en Buenos Aires. Aquel proyecto fue el de un grupo que conformaban San Martín, Güemes, Belgrano. Hubo un proyecto avanzado, inclusive desde el punto de vista agrario, con Artigas en el Oriente. Hubo otros últimos intentos, por ejemplo, con Felipe Varela. Todos esos fueron expresiones de un camino independiente que hay que repensar como raíz.

La educación pública y los centros de investigación nacionales: ganar tiempo para la vacuna

Como característica en Argentina, en los momentos dificiles salen a relucir la creatividad industrial o científica y ahora pasa lo mismo.

Los medios no tomaron nota que nosotros tuvimos la primera tanda de producción nacional de RT-PCR en Punta Alta y que hace dos semanas salió el primer envío a Buenos Aires. Eso demuestra que tenemos capacidad científica y tecnológica.

Allí vemos que no es que no hacemos porque no podemos. No hacemos porque no nos dejan. Y podemos hacerlo porque tenemos esa capacidad que se gestó desde la educación pública; la universidad pública y los centros de investigación del Estado. A pesar de que Domingo Cavallo mandó a los científicos “a lavar los platos”, esos científicos, cuando hicieron falta, estuvieron a la altura de las circunstancias.

En estos cinco meses hemos conseguimos retardar el pico de la pandemia, evitar el colapso sanitario que se está produciendo, por ejemplo, en la provincia de Jujuy. Se consiguieron desarrollar nuevas terapias que ahora se están aplicando en terapia intensiva. Meses atrás, solo a modo de ejemplo, no se aplicaba el tratamiento con corticoides, que se usa ahora.

Se consiguió avanzar en un desarrollo más avanzado del plasma convaleciente, que ya se había usado en el Mal de los Rastrojos, y que había permitido bajar del 40% al 4% la mortalidad, en esa enfermedad. Conseguimos esperar y estar más cerca de la vacuna.

El aislamiento, en ese sentido, fue un triunfo, pero tiene también sus carencias. Dar la ayuda social que se dio fue importante y necesario, pero no es suficiente. Necesitamos poner en marcha a todo el pueblo; los movimientos sociales en los barrios y los cuerpos de delegados en las fábricas; las organizaciones barriales, las sociedades de fomento y las organizaciones en las zonas agrarias. Ellos saben lo que hace falta en cada lugar y saben a quiénes les hace falta. Pueden ayudar a organizar y entrenar a la población para cumplir las normas de bioseguridad necesarias e, incluso, pueden lograr una organización segura para la producción y el trabajo, donde se pueda hacer. Para esto hace falta el dinero necesario para llevar adelante el aislamiento. Hace falta cobrar un impuesto a las grandes fortunas. Solo eso significaría unos 3.400 millones de dólares ya.

Un ejemplo sobre este impuesto del 1% a las grandes fortunas: 12.000 personas en el país tienen 340 mil millones de dólares de patrimonio. Uno de los tantos ricos beneficiados con las políticas macristas es el empresario de los medicamentos Alejandro Roemmers. Tiene 1870 millones de dólares de patrimonio: en enero de 2018 hizo una fiesta por su cumpleaños número 60, en Marruecos. Fueron tres días de fiesta con tours turísticos, shows con artistas como Ricky Martin, obviamente con el viaje incluido para 600 personas gratis. Gastó 6 millones de dólares. El impuesto para Roemmers sería el equivalente a tres fiestas como esa.

Muchos se han enriquecido durante el gobierno macrista. Sobre todo, el sector financiero, la “timba financiera”, los latifundistas que impiden el acceso a la tierra en propiedad para realizar el millón de chacras que permitan otro tipo de producción agraria, para dar solo algunos ejemplos.

Seguridad y Soberanía vs. entrega nacional

Todo esto lleva a dos conceptos: seguridad y soberanía. Las potencias cuando hablan de Defensa Nacional, se refieren a “seguridades” como por ejemplo EEUU que encontró, hace dos años, 300 vulnerabilidades en su sistema de defensa, entre ellas, que las tierras raras que ellos necesitan como metales especiales de uso militar, las produce China y ahí tenemos que estar atentos nosotros, porque también tenemos esos metales y no vaya a ser cosa que vengan a rapiñarnos.

A las potencias imperialistas solo les interesa la seguridad de suministros y producción porque para ellas no está en juego la soberanía. Su Defensa no es para defender su soberanía, es para asegurar su expansión a expensas, principalmente, de las soberanías de los países oprimidos como el nuestro, disputando nuestra rapiña con sus competidores imperialistas. Por esa razón, las potencias tienen proyectos de Defensa expansionista.

En cambio, para nosotros (los países dependientes) hay un segundo elemento, además de la seguridad de abastecimientos y producción: es la soberanía de abastecimientos y producción. Podemos tener seguridad de dar alimentos a todos, pero un día nos pueden negar los insumos para ello y, si tuviéramos una producción agraria, por ejemplo, basada en semillas patentadas o materiales que debo comprar en el extranjero, entonces no tendríamos soberanía.

Nos pasa con el petróleo. Siempre se nos dijo que Argentina era un país con petróleo, pero no petrolero. Este juego de palabras era para decir que había que extraer petróleo de cualquier manera y proponían su entrega a monopolios extranjeros. El defensor y continuador del General Mosconi, el Dr. Adolfo Silenzi de Stagni, no estaba de acuerdo con esto. No debe ser así, porque si tenemos autoabastecimiento con monopolios extranjeros va a haber un momento en que nos van a cerrar la canilla ellos mismos. Por ejemplo, nuestra segunda empresa petrolera, la Panamerican Energy es de la British Petroleum, de los ingleses que ocupan nuestras islas Malvinas, de Bulgheroni, vinculado a los rusos, y de los chinos, a través de su empresa estatal.

¿Como encarar un sistema independiente que asegure energía barata al desarrollo industrial argentino, las Pymes y del verdadero empresariado nacional y a la Defensa Nacional (como pensaba Mosconi), si los monopolios petroleros pueden cerrarnos la canilla en cualquier momento o cobrarnos cualquier precio? Por eso YPF tiene que ser Estatal y única, no una empresa de sociedad anónima que, además, compite con otros privados.

Nosotros, con la emergencia y el aislamiento sanitario, logramos tiempo; está en curso el ensayo del plasma de convaleciente y el ensayo del suero inmune de origen equino en el cual tenemos experiencia porque los sueros antiofídicos los fabricamos nosotros. Producimos reactivos y respiradores y aumentamos las camas de terapia. Esta emergencia, este aislamiento sanitario, nos dio tiempo para llegar, nos acerca a las vacunas.

Tener una producción acá es una demostración de que tenemos un desarrollo científico-técnico y de personal capacitado que permite eso. Es lo fundamental. Personal que estudió en universidades nacionales, en la escuela pública. Personal de aquí que ha sido basureado, echado, sometido a bajos salarios pero que, cuando hizo falta, está. Esto nos da seguridad, pero tenemos que avanzar en soberanía. Cada cosa que hagamos exige soberanía.

En torno a la producción de la vacuna, está bien en la medida que nosotros aprovechemos las contradicciones entre las distintas potencias, pero está mal si nos sometemos a una de ellas. Además, no tenemos que olvidar que de los dos elementos que componen las fuerzas productivas de un país, la máquina y el ser humano que trabaja con ellas, lo más importante es este último. Más que la máquina. La máquina no puede reemplazar al humano que la produjo. La máquina multiplica la capacidad de ese ser humano. En la cabeza de este último reside lo principal de la tecnología. Reside la verdadera Nación, parafraseando a Ramón Carrillo.

Volviendo al tema del plasma, reafirmamos que tenemos experiencia en el uso del plasma de convalecientes desde la época en que se usó para el Mal de los Rastrojos.  Pero para usar ese plasma hay, ahora, un aparato que es el de Plasmaféresis, que una empresa lo da en comodato a condición que se le compre el material descartable que vale entre 200 y 300 dólares por persona que se haga una transfusión. Por eso es que debemos avanzar, no solo en el dominio de la técnica de uso de plasma de convaleciente, sino en la producción del aparato de plasmaféresis que, digamos de paso, es primo hermano del de diálisis. Hoy dependemos de empresas monopólicas que nos obligan a comprar esos insumos y pagar un descartable que, también, podríamos fabricar nosotros.

Marcha opositora y proyecto

Acerca de la marcha opositora del pasado lunes 17 creo que es como en la época de la Edad Media en que la política se discutía a través de la filosofía y la religión. Acá la política se está discutiendo alrededor de la emergencia sanitaria y del aislamiento sanitario.

Lo que están haciendo con esta marcha del 17 de agosto es boicotear el aislamiento sanitario y boicotear toda política económica y social distinta a la que se venía aplicando. Se oponen a todo atisbo de lo que pueda cambiar la orientación. Por eso, lo que se quiere es que no intentemos nada: ni expropiar Vicentin, ni el 1% de impuesto a las grandes fortunas.

Quieren evitar el cambio de política. Se oponen a una nueva política económica y social para enfrentar a la pandemia y para el después.

No se trata de economía versus aislamiento sanitario. En realidad, es otra economía para asegurar la lucha contra la pandemia, y para asegurar un camino independiente de toda dominación extranjera, para después de la pandemia. Les preocupa más la intervención y expropiación de Vicentin, por ejemplo, que la circunstancia de que se mueran muchas personas. Lo que quieren es mantener el camino anterior. A toda costa.

En Argentina, hay un camino histórico de oposición del conservadurismo al aislamiento sanitario. Durante la mal llamada gripe española, en octubre de 1918 se produjo el primer pico de esa pandemia, en Argentina. El segundo pico se produjo en el invierno de 1919.  En nuestro país esa pandemia aumentó más de veinte veces la incidencia de gripe que existía normalmente, y la mortandad. Sin embargo, el 16 de octubre de 1918, en pleno primer pico, el diario La Nación publicó que era una gripe benigna, igual que en estos tiempos Bolsonaro califica de “gripecinha” al COVID 19.

Esa fue la tradición histórica que la oligarquía argentina heredó del imperialismo inglés. Éste era contrario a la cuarentena en los países en donde tenía intereses económicos, pero estaba a favor de la cuarentena en donde no le importaba. El primer ministro inglés, Boris Johnson, siguió ese camino, pero se equivocó porque los ajustes y privatizaciones lesionaron su sistema de salud y así fue que murieron 26.000 ancianos en geriátricos privados cuyo costo es de 2000 libras a la semana. Estos son los resultados de no aplicar el aislamiento sanitario.

(*) Doctor de la Universidad de Buenos Aires. Área Farmacia y Bioquímica–UBA; Magíster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud –Universidad Nacional de Lanús; Licenciado en Ciencias Bioquímicas (orientación Bioquímica Clínica) –UNLP; Farmacéutico y Licenciado en Ciencias Farmacéuticas –UNLP.