Claraz, el que hizo camino al andar

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Este año se cumplen 155 años de la llegada a la Norpatagonia argentina del naturalista de origen suizo George Claraz cuya travesía originó uno de los primeros estudios con algún rigor científico de la meseta rionegrina y sus habitantes.

 El por entonces joven científico, llegó en noviembre de 1865 a la Patagonia, e inició su célebre viaje reflejado minuciosamente en la publicación «Viaje al río Chubut por la ruta del centro”, una travesía que le insumió más de cuatro meses, y que por lo detallado de su recorrido y por la capacidad de observación del novel viajero, se transformó en un hito del estudio de nuestra tierra, sus habitantes y las costumbres de estos en los albores de la república.

Cabe destacar que en aquellos años, el General Roca todavía no había llevado a cabo la Campaña del desierto y por lo tanto indios, mapuches y tehuelches, eran dueños exclusivos de las inmensidades patagónicas que recorrían desde la cordillera al mar y de Patagones al Estrecho de Magallanes.  El explorador comenzó su periplo en China Muerta (hoy Guardia Mitre) bordeando el fabuloso rìo negro hasta un poco más arriba de lo que es hoy General Conesa, desde donde bajó hasta Valcheta atravesando el misterioso Bajo del Gualicho. Desde el arroyo Valcheta se internó en la meseta de Somuncurá hasta el Cerro Redondo, en el límite entre las provincias de Río Negro y del Chubut y continuó su marcha hacia el suroeste hasta toparse con el río Chubut, al que remontó hasta Las Plumas, desde donde emprendió el regreso hacia el norte.

El suizo logró, gracias a su buen trato con los caciques, que algunos guías nativos de distintas tribus de la zona lo fueran guiando en su viaje. Incluso llegó hasta el lugar sagrado de los mapuches, nombrado por los locales como Yamnagoo. Las anotaciones de la travesía, publicadas 120 años más tarde, son un importantísimo documento para comprender las costumbres de las tribus con las que estuvo en contacto. Además de precisas descripciones de sus paraderos y de la flora y fauna de la región, Claraz también armó dos diccionarios: pampa-castellano, compilando más de 900 significaciones, y otro araucano-castellano, con más de una centena de vocablos.

Su diario de viaje fue escrito tanto en alemán como en francés y recién pudo ser reeditado en el año 1988, con un estudio preliminar y notas de Rodolfo Casamiquela, agregándose las famosas “papeletas” donde, también en ambos idiomas, Claraz destacaba importantes observaciones hasta entonces inéditas, figurando como complemento del diario propiamente dicho.

Estas “papeletas” de todos los tamaños imaginables  y en distintos tipos de papel, en alemán y en francés esencialmente, aparecieron en sus libretas de viaje. Sin embargo está claro para los historiadores que muchas fueron escritas después, en Suiza.

A partir de las notas del sabio europeo, en el año 2006 una expedición de científicos patagónicos comandados por Casamiquela logró llegar hasta “la vieja”, la Piedra Sagrada de los tehuelches, que había sido descubierta en 1865 por Claraz.  Es una piedra toba, de afloración volcánica muy antigua, que actualmente tiene no más de 1,30 metros de altura y presenta una ligera antropoforma (o sea, una forma humana), lo cual pudo ser motivo del comienzo de la adoración mágica de los indios.

Un dato muy interesante que aportó Claraz sobre el célebre paraje Yamnagoo (el famoso cazadero donde habita la “vieja”) fue la confusión que se originaba al llegar al lugar: “Aún el ojo experimentado de los indios no sabe distinguir si es una columna de humo o de polvo. Recién cuando uno se halla próximo, puede distinguir el remolino. Así vimos en Yamnagoo una tormenta local y un remolino”. Cercano a la localidad de Maquinchao este es uno de los parajes más misteriosos de la provincia.

Croquis de Yamnagoo. (Extraído del libro Arqueología de Río Negro, de Gradín, Aguerre y Albornoz)

Breve biografía de un viajero

Georges Claraz, nació el 18 de mayo de 1832. Concurre a la escuela primaria del Padre Girard y los estudios secundarios los realizó en la escuela cantonal. Sobresalío como studiante en lingüística, y en química y física. Llegó así a la universidad de Zürich en 1851, donde descubrió su vocación por las ciencias naturales, geología y mineralogía.

Por razones económicas dejó inconclusos sus estudios, pero los retomó en el 56 en el Centro de Mineralogía (Freiber) y en la Real Universidad de Berlín, intetando alcanzar el título de doctor. Por aquel entonces estalla en Suiza una grave crisis política, económica y sobre todo religiosa que lleva al exilio a más de 15.000 suizos. Claraz embarcó hacia América, primero hacia Brasil, donde se quedó poco menos de 3 años que le bastaron para realizar detalladas exploraciones y recolecciones de minerales en Minas Gerais. En el gigante sudamericano, el sabio encuentra algunos diamantes valiosos los cuales remite en 1859 a Berlín, donde se publican sus estudios en la revista germana “Petermanns Geographische Mitteilungen”.

Con su amigo Heusser decidieron viajar a Chile, sin embargo, un mutuo amigo en la Argentina, José Siegfried, los convenció de quedarse en nuestra patria donde Claraz invirtió su capital en la cría de ganado y el comercio de lanas.

En el año 1859 se radicó provisoriamente en una estancia entre Azul y Tandil. Estudió a fondo los sistemas de la Ventana y Tandil desde donde comentó por correspondencia que encuentra la zona  despejadas de “indios” como consecuencia del contragolpe de los ejércitos de la Nación ante el malón de mayo de 1959 a la población bahiense.

Los resultados de estos trabajos llegan a Berlín, Ginebra, y al mismo Zürich. Realiza un magnifico estudio sobre el “conocimiento geognóstico-físico” (parte de geología que estudia la estructura y composición de las rocas) de la provincia de Bs. As. (1863). En “Las Llanuras Pampeanas” (1865) describe todo lo que corresponde a la rama de ciencias naturales. Remite a Ginebra 2 colecciones completas con más de 300 ejemplares de la flora bonaerense.

En “Antigüedades Bonaerenses” el suizo describe cacharros, vasijas, morteros, aros y objetos de época diversos. Traba relación directa con los caciques Ancalao Coilá y Sinchel de quienes aprende el idioma y deja, al morir una serie de cartas de caciques. Se preocupa del problema de las salinas, sobre la formación de la sal y los yacimientos en la Patagonia. El botánico P. G. Laurenz, destacará sus estudios botánicos; Estanislao Zeballos su conocimiento del país; el arqueólogo S. Roth lo felicita por la tarea emprendida; el geólogo alemán Stelzner le pide que le remita sus conclusiones y notas

Tras vivir y trabajar muchos años en una estancia en Bahía Blanca, el naturalista decide en 1882 regresar a Suiza.

Fallece el 6 de septiembre de 1930, a los 98 años.