Caso Vera: todos pierden

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A Jorge Rolando Vera le faltaban días para cumplir años pero un tiro en la espalda lo mató en las primeras horas del sábado 1 de noviembre.

Quien se entregó en la comisaría como el autor del disparo que terminó con la vida de Vera es Mario Huichaqueo a quien el fiscal acusa de disparar un arma oficial 10 veces en dos momentos distintos de la noche.

El muerto era un jovén en condiciones de vulnerabilidad que intentaba -a los tumbos- acomodar su vida participando en un taller de herrería, otro de percusión y otras actividades en el Galpón Amarillo.

Los compañeros del penitenciario Huichaqueo dicen que el agresor estaba cansado de que los roben sus propios vecinos.

El estado estaba presente, tanto con el trabajo del Galpòn Amarillo que intentaba infructuosamente rescatar a la víctima de sus adicciones, como en la bala oficial que le dio muerte.

La justicia determinará cabalmente como se desarrollaron los hechos en la madrugada trágica , pero apenas consumado el fatal desenlace, las redes estallaron abriendo una grieta, otra grieta… o un nivel más profundo de la grieta de siempre.

La mayoría de la gente, avala el accionar del presunto asesino, sin que importe trayectoria de balas, instancias de premeditación, o cualquier otra consideración técnica que la justicia pueda mostrar. «Uno menos» escriben el face sin pudor ni consideración.

Del otro lado se habla de abuso de poder, gatillo fácil, de un sistema opresor donde ser joven y pobre es una condena mientras se paternaliza a los jóvenes en condiciones de vulnerabilidad y se condena de antemano al agresor por el solo hecho de ser uniformado.

Lo cierto es que Vera y Huichaqueo, del mismo barrio, con parientes que se tropezarán en la panadería de la cuadra e hijos que se cruzarán en la misma plaza donde comenzaron los fatídicos hechos, tenían una historia en común que no terminó en la madrugada fatal.

Es que a la familia nadie le devolverá al «Wachín» y probablemente el penitenciario pague con años cárcel su hartazgo . Desde el Galpòn se replantearán sus políticas de contención y desde penitenciaría se ajustarán las pericias psicológicas; Los medios acomodarán sus notas al desarrollo real de la noticias y la sociedad deberá encarar definitivamente políticas para paliar las adicciones. Porque lo único claro es que nadie gana en este caso y, si todos pierden, todos están equivocados.