La pesca deportiva como recurso turístico

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El río Negro, la desembocadura en sus dos orillas -La Baliza y el Pescadero-, San Blas y Los Pocitos hacia el norte y la sucesión de playas que se encadenan desde el Balneario El Cóndor hasta el Puerto de San Antonio Este en el maravilloso Camino de la Costa son escenarios ideales para ir a tirar la caña en cualquier momento del año.

Y los comarqueños lo hacen. La pesca deportiva es el deporte más practicado en Viedma y Patagones. Cada día festivo, cada guiño del viento, cada fin de semana, cada día bonito se convierte en la excusa perfecta para planificar una jornada de pesca. Y ahí quedan, relegados, el fútbol y los demás deportes tradicionales, sometidos por la inmensa cantidad de recursos que exhibe la zona para practicar la pesca recreativa, montando una oferta casi irresistible.

Pero, siempre hay un pero, a pesar de que la pesca deportiva está profundamente arraigada en las costumbres de los viedmenses y maragatos y de que expertos de todo el mundo la consideran una de las actividades más relevantes del turismo de intereses especiales, trasladarla como una fuente de riquezas tangibles con la que cuenta la zona para hacer crecer el turismo no parece una tarea tan sencilla.

San Blas -el paraíso de los pescadores- ha hecho punta en el sur argentino posicionándose en el mercado nacional como un pesquero atrayente y rendidor, cautivando adeptos de los cuatro puntos cardinales, pero la ecuación no termina de cerrar.
Malos caminos, malas comunicaciones y falta de servicios son los principales males que afectan el crecimiento de la actividad en la zona, pero fundamentalmente falta una concepción clara y definida que marque hacia y hasta donde y como se quiere llegar para que el mundo sepa que Viedma es uno de los mejores lugares del país para ir a pescar.
Hay varios factores que pueden destacar naturalmente a la capital rionegrina: la calidad de las aguas, del paisaje y de su entorno, la diversidad de especies a capturar y la oferta de actividades culturales y de ocio complementarias que se pueden desarrollar se destacan entre ellos.

Pero la creación de una oferta con capacidad de competir en el mundo de la pesca deportiva pasa hoy en día por ofrecer a los potenciales visitantes paquetes personalizados que incluyan la tramitación de los permisos de pesca necesarios para el río; el acceso a guías conocedores de los lugares y de los vientos, que inciden de sobremanera en la calidad de la pesca comarqueña; elalquiler de material para practicar el deporte; el acceso aéreo; alojamientos y comidas de diferentes calidades, además de actividades complementarias para el resto de la familia del pescador -este último es uno de los factores que más desestabilizan a San Blas como destino-.

Para formar esa oferta, además se debe saber del tema, y no se cuentan, ni en la capital rionegrina ni en el partido de Patagones con estadísticas serias que marquen cuantos pescadores llegan cada temporada, cuantos días se quedaron, en que lugar se alojaron, cuanto gastaron, si contrataron algún servicio extra o que playas visitaron, y esta es una falencia grave.

Pero la experiencia en otras zonas pesqueras, indica que el turista de intereses especiales se destaca por permanecer mayor tiempo en los destinos elegidos, realizar un nivel de gastos alto en la contratación de servicios locales para desarrollar el deporte, y porque generalmente tiene disposición para pagar extra para conservar el patrimonio cultural y natural dado que trae incorporada conciencia ecológica. También se sabe que el pescador está dispuesto a viajar grandes distancias en busca de regiones con atributos excepcionales para la práctica de la actividad. Estos atributos son generalmente la frecuencia de las capturas, la talla de las mismas, la presencia de otros pescadores para interactuar y que el resto de la familia -si la trae- tenga también oportunidades de divertirse.

La materia prima para desarrollar la actividad es abundante y contínua y hay miles de pescadores en el mundo esperando pescar un tiburón en San Blas, una corvina en La Ensenada, un pejerrey en Bahía Creek, un salmón en Pozo Salado y escalar el río Negro en busca de los famosos matungos o alguna carpa, para traerlos, solo hay que hacer bien el lance.