Breve historia de la ciudad de hierro

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Sierra Grande cumple hoy un nuevo aniversario.

Creció aceleradamente entre 1973 y 1989 gracias a la enorme mina de hierro que alberga debajo de sus tierras. El emprendimiento era gestionado por la estatal HiPaSAM (Hierro Patagónico Sociedad Anonima Minera) y daba trabajo, por aquellos años, a más de mil quinientos trabajadores. La clausura del complejo minero a principios de los noventa por un decreto del impresentable Carlos Menem fue casi un acta de defunción para la ciudad, cuya población estable disminuyó drásticamente en poco tiempo. Después de años durísimos en que el entramado social de la ciudad cambió completamente, el pueblo pudo resurgir y desde el 2006 la mina opera con altibajos, mientras crece el turismo y otras alternativas. Sin embargo, la época dorada es un recuerdo que los viejos pobladores añoran.
La ciudad es la última población rionegrina que toca la Ruta Nacional 3 si la recorremos de norte a sur, rodeada sobre el límite este de la maravillosa Meseta de Somuncurá y su historia se remonta a los 1800.
Los primeros asentamientos humanos en la zona datan del siglo XVIII, porque la zona era camino y asiento de las comunidades indígenas, más precisamente mapuches, resultado de la fusión entre tehuelches del sur argentino y araucanos de la cordillera. Nómades, se dedicaban a la caza de avestruces y guanancos, de estos últimos adquirían el «quillango» -manta con los pelos hacia adentro, con el que confeccionaban mocasines y paravientos. También recolectaban algunos frutos regionales, mariscos a veces y en muy baja escala, plantaban algunas legumbres y cereales. Esta subraza todavía habita toda la provincia de Río Negro con diferentes grados de mestizaje.
En Sierra Grande los historiadores han demostrado que habitaban a orillas del arroyo El Salado. Tras algunas de las habituales sequías que dominan el clima de la zona, se trasladaron hacia el sur, más precisamente a Cochicó, en el noroeste de Chubut.
a los mapuches se les debe el nombre de la ciudad, ya que ellos llamaban al lugar Vuta Mahuida, que significa Sierras Grandes.
Los blancos llegaron a la zona en 1890, cuando algunas familias de Viedma y Patagones se instalaron en las inmediaciones. Entre los años 1925 y 1935 llega una nueva oleada de pioneros, también provenientes de la comarca capitalina, en busca de pastos para su ganado. La tercer y más grande oleada de inmigrantes se produjo entre los 70 y los 80 con el auge del hierro.
Primer Asenatamiento.
El primer asentamiento de criollos se encontraba cercano al actual emplazamiento de la ciudad, a escasos dos kilómetros y se lo conocía como Sierra Vieja, aunque posteriormente se lo conoció como Colonia Chilavert.
El primer poblador fue Anacleto «Canchas» Calvo quien se estableció en el año 1893. En pocos años la población se multiplicó y se transformó en un pueblito lleno de quintas y plantaciones.
El 19 de Octubre de 1903 comenzó a funcionar el JUzgado de Paz y se ha tomado esa hito como fecha de fundación de la ciudad, por ser el primer testimonio escrito con el que se cuenta. En el año del centenario de la patria, 1910, ya había correo, diez años después comisaría y en la década del treinta ya funcionaba un almacén de ramos generales.
A pesar de todo, el paso de los años no sacan al pueblo de su aletargamiento. La vida se resumía en una precaria ganadería, una más limitada agricultura, siempre a merced de las inclemencias climáticas que marcaban el éxito o fracaso de la economía regional.
La otra actividad económica, la minería, le dará importancia y prosperidad a la joven ciudad rionegrina.
La explotación del hierro


El yacimiento ferrífero de Sierra Grande fue descubierto en el año 1944 por Manuel Reynero Novillo, un apasionado buscador de minerales. El por entonces Banco Industrial, con la participación de la Dirección de Minas de la Nación son los que dirigen los primeros estudios que dan excelentes resultados. Posteriormente la dirección General de Fabricaciones Militares continuó con los estudios.
Tras algunos intentos de que el emprendimiento sea desarrollado por empresas privadas, en el 69 queda constituída HiPaSAM, cuyos dueños eran Fabricaciones MIlitares, el Bando de Río Negro y el Banco Nacional de Desarrollo.
A mediados del 72 comenzó la explotación de la mina y se construyó un camino que ligaba las áreas de extracción con Punta Colorada, en donde se encontraba la planta de peletización y el puerto donde se embarcaba la producción, que se destinaba a los hornos de la también estatal SOMISA, en San Nicolás, Provincia de Buenos Aires. Se obtenían unas dos millones de toneladas de pellets de hierro por año.
La de Sierra Grande, es la mina más importante de hierro de Sudamérica, con 96 km. de túneles subterraneos que llegan a los casi 500 metros de profundidad y que ocupaba 1350 mineros en su época de esplendor. Una arquitectura impresionante que se fue edificando debajo de casa y caminos.
Desde el socavon…
En 1989, hace ya treinta años, en plena campaña electoral; Menem pasó por Sierra Grande y prometió: «desde el socavón de la mina de Sierra Grande comenzará la Revolución Productiva». La Historia sería bien diferente.
La ley de reforma del estado, sancionada un año después de que Menem asumiera la presidencia, permitió una reestructuración de los sistemas de servicios públicos. Muchas empresas del Estado Nacional fueron privatizadas, como SOMISA y otras, como el caso de HiPaSAM, directamente cerraron. La mina dejó de funcionar cuando ni siquiera se había completado el 20 por ciento de la explotación sugerida, y Sierra Grande se transformó casi en una ciudad fantasma tras el éxodo de gran parte de los trabajadores.
Casi mil trescientos obreros quedaron sin empleo y las consecuencias fueron desvastadoras. Sierra pasó de tener una población estable de más de veinte mil personas a tener cinco mil habitantes en tan sólo cinco años. Se hicieron habituales en aquellos años los cortes en la Ruta Nacional 3, estableciendo una nueva forma de protestar que se extendió rapidamente entre las clases desprotegidas del paìs. En el 93, el yacimiento pasó a manos de la provincia bajo el nombre de Hiparsa. Apenas unos 50 trabajadores se hicieron cargo del mantenimiento de las instalaciones, equipos e insumos que se estaban deteriorando por el abandono, con la intención de poner en marcha de nuevo el yacimiento en el futuro.
Pero en la Argentina neoliberal ninguna reactivación es posible. Un sector del complejo fue concesionado a una empresa privada para la organización de excursionaes turísticas al interior de la mina , una aventura que titulaban «Viaje al Centro de la Tierra». Era una inmersión de 70 metros recorriendo tres mil metros en la oscuridad. La travesía revivía las jornadas de trabajo de los mineros en la época de gloria de Hipasam.
Un pionero pobre y cesanteado.

En noviembre de 1955, pobre y desilusionado, con 59 años trajinados sobre su espalda, falleció en Bahía Blanca el explorador Manuel Reynero Novillo.
«Ruego encarecidamente a SS siquiera tener a bien analizar mi cesantía por abandono de servicio, que si bien es cierto, no me encontraba en esa capital de territorio. La situación económica por la que atravieso, por cuanto yo contaba como único aporte para atender las necesidades de mi hogar con el sueldo que percibía de esa gobernación como agente de policía, el haberme dejado cesante…»
Novillo, que once años antes había descubierto el yacimiento ferrífero más grande de la Argentina, se encontraba con grandes dificultades para afrontar un préstamo otorgado por el Banco Industrial para desarrollar el emprendimiento minero y lo habían cesanteado por irse a Bahía Blanca a atender sus problemas de salud.
Como tantos héroes y pioneros, anónimos y no tanto, de nuestro país, el descubridor del hierro argentino moría pobre y sin reconocimiento.